Espectros y embutidos en Escocia

No sé muy bien cómo he llegado a este artículo, que publiqué en la Revista El Duende en 2007. El número de la revista trataba de fantasmas… Han pasado 11 años, parece mentira.

Espectros y embutidos

Dejaros de gaitas, güisquis, faldas, golf, cardos y cachemira. Olvidaros de Sean Connery o Tony Blair. Y, por supuesto, del festival de teatro. Hablemos de fútbol, gastronomía, fantasmas, escritores y bares en una de las ciudades más prósperas y amables de Europa. Edimburgo.

Clic. Voy a Mis imágenes. Clic. Abro la carpeta de Edimburgo. Clic. La ciudad de Stevenson sale del banquillo de la memoria para jugar una pachanga de varias páginas. La metáfora no es gratuita. Edimburgo es una ciudad marcada por el deporte rey. Lo supe gracias a mi vecino de asiento en el avión: un hooligan ebrio hasta las cejas. El aficionado de los Hearts puso tanto empeño en glorificar a su modesto equipo como en descalificar al conjunto rival, los Hibs. El enfrentamiento entre ambos equipos de la Premier sobrepasa lo futbolístico. En Edimburgo, los Hibs representan a los católicos y los protestantes acostumbran a defender los colores de los Hearts. También lo hace el banquero lituano Vladimir Romanov, excéntrico propietario del Heart of Midlothian.

El opio balompédico fue el eje de nuestra charla pero, tras 15 minutos de siesta con apnea, el locuaz pasajero quiso descubrirme su país. Una de sus manos señalaba un paisaje verde y montañoso, un paraíso deshabitado, la otra se iba a la boca para hablar del rumiante Aberdeen Angus, del haggis o del porridge. La ternera escocesa es, efectivamente, exquisita pero también las salchichas, sobre todo si son de la carnicería Crombies. Las probé a la salida de un Mercader de Venecia y ahora daría una libra de mi cuerpo por revivir esa sensación en el paladar.

No necesitaría hacerlo con el haggisel embutido más famoso del norte de Gran Bretaña, ya que todavía conservo una de estas morcillas en mi congelador. Están hechas de diferentes especias, harina de avena y casquería variada: corazón, hígado y pulmón. El haggis se come durante todo el año pero adquiere un protagonismo especial el 25 de enero, día en el que se conmemora a Robert Burns, poeta nacional de Escocia. Representa el triunfo contra el hambre tanto como el porridge, un plato de avena con leche caliente y sal, azúcar para los más jóvenes o golosos. Es el desayuno diario de muchos escoceses.

La comida es importante en Edimburgo y puede llegar a ser mucho más sofisticada. Sin embargo, la Atenas del Norte, la ciudad donde una JK Rowling más pobre que las ratas escribió uno de los libros más rentables de la historia, también enamora por la vista. Seduce la belleza húmeda del casco antiguo, las siete colinas, los espaciosos jardines de Princess Street,  los bares de la calle Victoria, las esculturas realistas de Ron Mueck en una exposición de la Royal Scottish Academy, un río, un bosque encantado en mitad de la urbe y un castillo, proa gris, púlpito rocoso de Escocia.

Del Castillo de Edimburgo, erigido sobre un volcán, emana el aliento espectral de la ciudad. En cada esquina sobrevive un fantasma, una leyenda inspirada en historias de asesinatos y desapariciones (…) Pero la oscuridad de Edimburgo no es sólo legendaria. La exclusión social es real. De drogas o delincuencia hablan las novelas de Irving Welsh (Trainspotting) o Ian Rankin, el escritor oficial –vivo– de Edimburgo. El protagonista de su obra, el inspector Rebus, recorre la ciudad en busca de pistas y sospechosos. Su fama ha crecido tanto que un empresario decidió convertir los lugares frecuentados por el Carvalho escocés en una ruta literaria: www.rebustours.com. Una parada obligada ha de ser Oxford Bar. Por su importancia en la obra de Rankin y también porque es una taberna amable donde se puede hablar, ser oído e ingerir cerveza de calidad.

Otro local con caché en Edimburgo es The Elephant House. Allí se bebe té o café, se come ligero, se puede degustar una copa de vino, quizás un vaso del exitoso refresco de cafeína Irn-Bru, charlar, revisar el correo electrónico e incluso escribir un libro. De hecho, la Rowling aprovechó la paz de este bar para dar forma a su pequeño Potter. ¿Saldría la magia del buen rollito del Elephant? ¿O de las calles de Edimburgo? No sería raro. Por ellas  vagan los fantasmas de Stevenson, Conan Doyle o Walter Scott. Ni más ni menos. Clic. Enviar a El Duende. Clic.

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